Nací en Cádiz. Después me trasladé con mis padres a Barcelona y actualmente vivo en Tenerife. Desde pequeña siempre me gustó dibujar. Ya de niña, le hacía a mi hermana las muñecas de recortables de papel. Luego empecé a imitar los dibujos de Picasso, las pinturas de Gauguin, etc. Más tarde decidí dedicarme por completo a la pintura y empezar a buscar mi propio mundo pictórico, asimilando todas las influencias anteriores pero centrándome en desarrollar mi estilo.
He tenido y tengo pasión por el Románico, pero también por Giotto, Duccio, Masaccio, Piero della Francesca, Rembrandt, Vermeer, Velázquez, Goya, Cezanne, Picasso, el Pop, Hockney, Rauschenberg y tantos otros.
Toda esa amalgama de influencias conformaron mi pintura. Me fué difícil al principio adaptar esas influencias tan dispares, escoger unas y rechazar otras, quedarme con la esencia de las mismas, quedarme con las que más me servían para mi manera de hacer. En definitiva para mi carácter. No podía desligar mi carácter de lo que iba a ser mi manera de pintar. Me asaltaron muchas dudas, aun hoy las tengo, complejos y temores.
Mi forma de abordar y desarrollar el trabajo no me parecía la más ortodoxa, pero sin embargo era con la que más cómoda me sentía, dentro de la dificultad que representaba trabajar sin bocetos, yendo directamente al lienzo, incluso a veces sin una idea concreta de lo que quería decir, sin saber que técnica era la que iba a utilizar, ni los colores que iba a aplicar.
Todo era pura intuición. Fueron mis primeros cuadros donde empezaba manchando la tela con color sombra natural y bastante esencia de trementina. Este color, y no otro, me sugería imágenes que luego se perfilaban en figuras, formas, historias representadas que surgían del subconsciente, a las que daba un tono irónico y dramático a la vez. Digo en un texto que escribí para uno de mis catálogos “… y los colores así oscuritos son los que sirven para contar historias” ¿Por que trabajaba sin bocetos? Porque cuando intentaba trabajar planeando más las cosas, la idea que tenía en un principio, al llevarla al lienzo, ya era otra, ya había cambiado en mi mente, ya me aburría, ya los bocetos no me servían para nada.
Pasada la primera etapa, mi manera de trabajar ha cambiado un poco, se ha hecho más reflexiva, menos inmediata, aun cuando siempre dejo mucho espacio a la sorpresa, a la intuición. Aun queda terreno en mis obras para explorar nuevos caminos.
Los temas que abordo en mi pintura tienen mucho que ver conmigo misma; experiencias familiares, asuntos emocionales. Todo gira alrededor de la persona, el ser humano y sus vivencias. Es lo que más me importa, sus reacciones, la interrelación, el aprendizaje vital de unos con otros. Me gusta tratar mis temas en clave de ironía. La ironía es la que me sirve para contar lo que cuento con un toque de humor.
La imaginería. Mis gustos o lo que elijo para representar a los personajes que pasean por mis cuadros pasan por la época victoriana, los trajes que usaban, los daguerrotipos, esas fotos color sepia que tienen ese halo de nostalgia que me encanta, mi propia infancia y la de mi familia y cualquier mensaje visual que me atraiga para el trabajo de ese momento. Combino diferentes estéticas, algo antiguo, algo pop. Suelo recopilar fotos, recortes de revistas, dibujos, etc. que a veces uso una sola vez o que repito en diferentes obras. A veces escojo una imagen de cualquier revista o libro y la transformo para que encaje en una obra.
En cuanto a la técnica, empecé pintando sólo con óleo o acrílico. Después me adentré en las técnicas mixtas y mis obras ganaron en interés visual, se hicieron más sugerentes, las texturas con polvo de mármol y otros materiales. Telas transparentes, tul, velos, que dejan ver el fondo pero velado, desdibujado, insinuado apenas.
Me recreo en una zona de la obra, ensimismándome en ese bebé, al que dedico horas para captar la expresión de su cara y paso rápido por otra zona donde la frescura es lo indicado. La composición la cuido mucho, es la base de una obra, ni una pincelada más que haga perder el equilibro interior, el andamiaje que lo soporta todo.
Lo literario, los títulos de las obras, eso lleva su tiempo. Siempre los escojo con cuidado para que el mensaje llegue al espectador.






